17 Hermosos Poemas de Autores Famosos

La palabra “poesía” viene del latín poiesis, que significa “cualidad de crear, hacer o producir”. Si te interesa la poesía, aquí te dejo el mejor listado de poemas en la Internet. En este artículo encontrarás poemas cortos de autores famosos y anónimos. (Foto Pexels)

Si tiene interés en conocer más sobre algun escritor no dude buscar información en: https://es.wikipedia.org

 

 

Los mejores poemas en la Internet

 

 

1. Aquí (Octavio Paz)

Mis pasos en esta calle Resuenan En otra calle Donde Oigo mis pasos Pasar en esta calle Donde Sólo es real la niebla.

 

 

2. A un general (Julio Cortázar)

Región de manos sucias de pinceles sin pelo de niños boca abajo de cepillos de dientes

Zona donde la rata se ennoblece y hay banderas innúmeras y cantan himnos y alguien te prende, hijo de puta, una medalla sobre el pecho

Y te pudres lo mismo.

 

 

3. Cada vez que pienso en ti (Anónimo)

Cada vez que pienso en ti, mis ojos rompen en llanto; y muy triste me pregunto, ¿por qué te quiero tanto?

 

 

4. Síndrome (Mario Benedetti)

Todavía tengo casi todos mis dientes casi todos mis cabellos y poquísimas canas puedo hacer y deshacer el amor trepar una escalera de dos en dos y correr cuarenta metros detrás del ómnibus o sea que no debería sentirme viejo pero el grave problema es que antes no me fijaba en estos detalles.

 

 

5. En las noches claras (Gloria Fuentes)

En las noches claras, resuelvo el problema de la soledad del ser. Invito a la luna y con mi sombra somos tres.

 

 

6. Deletreos de armonía (Antonio Machado)

Deletreos de armonía que ensaya inexperta mano.

Hastío. Cacofonía del sempiterno piano que yo de niño escuchaba soñando… no sé con qué, con algo que no llegaba, todo lo que ya se fue.

 

 

7. Despedida (Alejandra Pizarnik)

Mata su luz un fuego abandonado. Sube su canto un pájaro enamorado. Tantas criaturas ávidas en mi silencio y esta pequeña lluvia que me acompaña.

 

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8. Desvelada (Gabriela Mistral)

Como soy reina y fui mendiga, ahora vivo en puro temblor de que me dejes, y te pregunto, pálida, a cada hora: «¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo y confiando ahora que has venido; pero hasta en el dormir estoy temiendo y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

 

 

9. Rima LX (Gustavo Adolfo Bécquer)

Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja; que en mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja.

 

 

10. Recuerdo que dejo (Nezahualcoyotl)

¿Con qué he de irme? ¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra? ¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra? Dejemos al menos flores Dejemos al menos cantos

 

 

11. Tus ojos son lucero (Anónimo)

Tus ojos son luceros, tus labios, de terciopelo, y un amor como el que siento, es imposible esconderlo.

 

 

12. La montaña rusa (Nicanor Parra)

Durante medio siglo La poesía fue El paraíso del tonto solemne. Hasta que vine yo Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece. Claro que yo no respondo si bajan Echando sangre por boca y narices.

 

 

13. Cuando el mar sea redondo (Anónimo)

Cuando el mar sea redondo y el sol deje de brillar, ese será el día en que te pueda olvidar.

 

 

14. América, no invoco tu nombre en vano (Pablo Neruda)

AMÉRICA, no invoco tu nombre en vano. Cuando sujeto al corazón la espada, cuando aguanto en el alma la gotera, cuando por las ventanas un nuevo día tuyo me penetra, soy y estoy en la luz que me produce, vivo en la sombra que me determina, duermo y despierto en tu esencial aurora: dulce como las uvas, y terrible, conductor del azúcar y el castigo, empapado en esperma de tu especie, amamantado en sangre de tu herencia.

 

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15. Las seis cuerdas (Federico García Lorca)

La guitarra

hace llorar a los sueños.

El sollozo de las almas

perdidas

se escapa por su boca

redonda.

Y como la tarántula,

teje una gran estrella

para cazar suspiros,

que flotan en su negro

aljibe de madera.

 

 

16. Insomnio (Dámaso Alonso)

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

 

 

17. RETRATO (Antonio Machado)

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

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