Los 22 Mejores Poemas Más Románticos

Porque aunque no sea San Valentín, no quiere decir que no te puedas vestir de amor y regalarle un poema romántico a esa persona tan especial. (Foto Pexels)

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Los mejores poemas romántico

 

 

1- Un Sueño

Cierta vez un sueño tejió una sombra
sobre mi cama que un ángel protegía:
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.

Confundida, perpleja y desesperada,
oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
tropezaba entre la extendida maraña,
toda desconsolada, y le escuché decir:
“¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
¿Oirán cómo suspira su padre?
¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
¿Acaso regresan y sollozan por mí?”

Compadecido, solté una lágrima;
pero cerca vi una luciérnaga,
que respondió: “¿Qué quejido humano
convoca al guardián de la noche?

Me corresponde iluminar la arboleda
mientras el escarabajo hace su ronda:
sigue ahora el zumbido del escarabajo;
pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa”.

Autor: William Blake (Inglaterra)

 

 

 

2- Camina Bella Como la Noche

Camina bella, como la noche
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.

Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.

Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!

Autor: Lord Byron (Inglaterra)

 

 

 

3- Conócete a Ti Mismo

Una cosa sólo ha buscado el hombre en todo tiempo, 
y lo ha hecho en todas partes, en las cimas y en las simas 
del mundo. 
Bajo nombres distintos –en vano– se ocultaba siempre, 
y siempre, aun creyéndola cerca, se le iba de las manos. 
Hubo hace tiempo un hombre que en amables mitos 
infantiles 
revelaba a sus hijos las llaves y el camino de un castillo 
escondido. 
Pocos lograban conocer la sencilla clave del enigma, 
pero esos pocos se convertían entonces en maestros 
del destino. 
Discurrió largo tiempo –el error nos aguzó el ingenio– 
y el mito dejó ya de ocultarnos la verdad. 
Feliz quien se ha hecho sabio y ha dejado su obsesión 
por el mundo, 
quien por sí mismo anhela la piedra de la sabiduría 
eterna. 
El hombre razonable se convierte entonces en discípulo 
auténtico, 
todo lo transforma en vida y en oro, no necesita ya los 
elixires. 
Bulle dentro de él el sagrado alambique, está el rey en él, 
y también Delfos, y al final comprende lo que significa 
 conócete a ti mismo

Autor: Georg Philipp Freiherr von Hardenberg – NOVALIS (Alemania)

 

 

 

4- Plenitud

Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún,
y puse entre tus manos mi pálida frente;
puesto que alguna vez pude respirar el dulce aliento
de tu alma, perfume escondido en la sombra.

Puesto que me fue concedido escuchar de ti
las palabras en que se derrama el corazón misterioso;
ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír,
tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.
 
Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionada
un rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada.
Ya que he visto caer en las ondas de mi vida
un pétalo de rosa arrancado a tus días,

puedo decir ahora a los veloces años:
¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más!
Idos todos con todas nuestras flores marchitas,
tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar.

Vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramar
el vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno.
Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza.
Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.

Autor: Víctor Hugo (Francia)

 

 

 

5- No Te Detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Autor: Walt Whitman (Estados Unidos)

 

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6- Amor Eterno

Podrá nublarse el sol eternamente; 
Podrá secarse en un instante el mar; 
Podrá romperse el eje de la tierra 
Como un débil cristal. 
¡Todo sucederá! Podrá la muerte 
Cubrirme con su fúnebre crespón; 
Pero jamás en mí podrá apagarse 
La llama de tu amor.

Autor: Gustavo Adolfo Bécquer (España)

 

 

 

7- Acuérdate de mí

Llora en silencio mi alma solitaria,

excepto cuando esté mi corazón

unido al tuyo en celestial alianza

de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,

brillando en el recinto sepulcral:

casi extinta, invisible, pero eterna…

ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba

no pases, no, sin regalarme tu plegaria;

para mi alma no habrá mayor tortura

que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito

rogar por los que fueron. Yo jamás

te pedí nada: al expirar te exijo

que sobre mi tumba derrames tus lágrimas.

Autor: Lord Byron

 

 

 

8- Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres….

ésas… ¡no volverán!

 Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día…

ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar,

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido…, desengáñate,

así… ¡no te querrán!

Autor: Gustavo Adolfo Bécquer

 

 

 

9- Un Sueño dentro de un sueño

 ¡Toma este beso sobre tu frente!

Y, me despido de ti ahora,

No queda nada por confesar.

No se equivoca quien estima

Que mis días han sido un sueño;

Aún si la esperanza ha volado

En una noche, o en un día,

En una visión, o en ninguna,

¿Es por ello menor la partida?

Todo lo que vemos o imaginamos

Es sólo un sueño dentro de un sueño.

 Me paro entre el bramido

De una costa atormentada por las olas,

Y sostengo en mi mano

Granos de la dorada arena.

¡Qué pocos! Sin embargo como se arrastran

Entre mis dedos hacia lo profundo,

Mientras lloro, ¡Mientras lloro!

¡Oh, Dios! ¿No puedo aferrarlos

Con más fuerza?

¡Oh, Dios! ¿No puedo salvar

Uno de la implacable marea?

¿Es todo lo que vemos o imaginamos

Un sueño dentro de un sueño?

Autor: Edgar Allan Poe

 

 

 

 

10- El Hada

Acudid, gorriones míos,

flechas mías.

Si una lágrima o una sonrisa

al hombre seducen;

si una amorosa dilatoria

cubre el día soleado;

si el golpe de un paso

conmueve de raíz al corazón,

he aquí el anillo de bodas,

transforma en rey a cualquier hada.

 Así cantó un hada.

De las ramas salté

y ella me eludió,

intentando huir.

Pero, atrapada en mi sombrero,

no tardará en aprender

que puede reír, que puede llorar,

porque es mi mariposa:

he quitado el veneno

del anillo de bodas.

Autor: William Blake

 

 

 

 

11- El argumento del suicidio

Sobre el comienzo de mi vida, si lo deseaba o no,

nadie jamás me lo preguntó —de otro modo no podía ser—

Si la vida era la pregunta, una cosa enviada para intentar

y si vivir es decir SI, ¿qué puede ser el NO sino morir?

Respuesta de la naturaleza:

¿Se retorna igual que al ser enviado? ¿No es peor el desgaste?

¡Piensa primero en lo que ERES! ¡Sé consciente de lo que tú ERAS!

Te he dado inocencia, te he dado esperanza,

Te he dado salud, y genio, y un amplio porvenir,

¿Retornarás culpable, aletargado, desesperado?

Haz un inventario, examina, compara.

Entonces muere —si es que a morir te atreves—.

Autor: Samuel Taylor Coleridge

 

 

 

 

12- Amor inquieto

A través de la lluvia, de la nieve,

A través de la tempestad voy!

Entre las cuevas centelleantes,

Sobre las brumosas olas voy,

¡Siempre adelante, siempre!

La paz, el descanso, han volado.

Rápido entre la tristeza

Deseo ser masacrado,

Que toda la simpleza

Sostenida en la vida

Sea la adicción de un anhelo,

Donde el corazón siente por el corazón,

Pareciendo que ambos arden,

Pareciendo que ambos sienten.

¿Cómo voy a volar?

¡Vanos fueron todos los enfrentamientos!

Brillante corona de la vida,

Turbulenta dicha,

¡Amor, tú eres esto!

Autor: Johann Wolfgang von Goethe

 

 

 

 

13- Don Juan en los infiernos

Cuando Don Juan descendió hacia la onda subterránea

Y su óbolo hubo dado a Caronte,

Un sombrío mendigo, la mirada fiera como Antístenes,

Con brazo vengativo y fuerte empuñó cada remo.

Mostrando sus senos fláccidos y sus ropas abiertas,

Las mujeres se retorcían bajo el negro firmamento,

Y, como un gran rebaño de víctimas ofrendadas,

En pos de él arrastraban un prolongado mugido.

Sganarelle riendo le reclama su paga,

Mientras que Don Luis, con un dedo tembloroso

Mostraba a todos los muertos, errante en las riberas,

El hijo audaz que se burló de su frente nevada.

Estremeciéndose bajo sus lutos, la casta y magra Elvira,

Cerca del esposo pérfido y que fue su amante,

Parecía reclamarle una suprema sonrisa

En la que brillara la dulzura de su primer juramento.

Erguido en su armadura, un gigante de piedra

Permanecía en la barra y cortaba la onda negra;

Pero el sereno héroe, apoyado en su espadón,

Contemplaba la estela y sin dignarse ver nada.

Autor: Charles Baudelaire

 

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14- Canción de la muerte (fragmento)

Débil mortal no te asuste

mi oscuridad ni mi nombre;

en mi seno encuentra el hombre

un término a su pesar.

Yo, compasiva, te ofrezco

lejos del mundo un asilo,

donde a mi sombra tranquilo

para siempre duerma en paz.

Isla yo soy del reposo

en medio el mar de la vida,

y el marinero allí olvida

la tormenta que pasó;

allí convidan al sueño

aguas puras sin murmullo,

allí se duerme al arrullo

de una brisa sin rumor (…)

Autor: José de Espronceda

 

 

 

 

15- Era apacible el día (fragmento)

Era apacible el día

Y templado el ambiente,

Y llovía, llovía

Callada y mansamente;

Y mientras silenciosa

Lloraba y yo gemía,

Mi niño, tierna rosa

Durmiendo se moría.

Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!

Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!

Tierra sobre el cadáver insepulto

Antes que empiece a corromperse… ¡tierra!

Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,

Bien pronto en los terrones removidos

Verde y pujante crecerá la yerba (…)

Autor: Rosalía de Castro

 

 

 

 

16- Poema a una joven italiana

Aquel mes de febrero tiritaba en su albura

de la escarcha y la nieve; azotaba la lluvia

con sus rachas el ángulo de los negros tejados;

tú decías: ¡Dios mío! ¿Cuándo voy a poder

encontrar en los bosques las violetas que quiero?

Nuestro cielo es llorón, en las tierras de Francia

la estación es friolera como si aún fuera invierno,

y se sienta a la lumbre; París vive entre fango

cuando en tan bellos meses ya Florencia desgrana

sus tesoros que adorna un esmalte de hierba.

Mira, el árbol negruzco su esqueleto perfila;

se engañó tu alma cálida con su dulce calor;

no hay violetas excepto en tus ojos azules,

y no hay más primavera que tu rostro encendido.

Autor: Théophile Gautier

 

 

 

 

17- AL AARAAF (Fragmento parte 1)

¡Oh, nada terrenal!, solamente el rayo difundido

por la mirada de la belleza y retornado por las flores,

como en aquellos jardines donde el día

surge de las gemas de Circasia.

¡Oh, nada terrenal!, solamente la emoción

melódica que brota del arroyuelo en el bosque

(música de los apasionados),

o el júbilo de la voz exhalada tan apacible,

que como el murmullo en la caracola

su eco perdura y habrá de perdurar…

¡oh, nada de nuestra escoria!,

sino la belleza toda, las flores que orlan

nuestro amor y que nuestros cenadores engalanan,

se muestran en tu mundo tan lejano, tan distante,

¡oh, estrella errante!

Para Nesace todo era dulzura porque allí yacía

su esfera reclinada en el dorado aire,

cerca de cuatro brillantes soles: un temporal descanso,

un oasis en el desierto de los bienaventurados.

En la distancia, entre océanos de rayos que restituyen

el empíreo esplendor al espíritu desencadenado,

a un alma que difícilmente (los oleajes son tan densos)

puede luchar contra su predestinada grandeza.

Lejos, muy lejos viajó Nesace, en ocasiones, hacia distantes esferas,

ella, la favorecida de Dios, y viajera reciente a la nuestra.

Pero ahora, de un mundo anclado soberana,

se despoja del cetro, abandona el supremo mando

y entre incienso y sublimes himnos espirituales,

baña en la cuádruple luz sus angelicales alas.

Autor: Edgar Allan Poe

 

 

 

18- La alcoba del Edén

Era Lilith la esposa de Adán

(la Alcoba del Edén está en flor)

ni una gota de sangre en sus venas era humana,

pero ella era como una suave y dulce mujer.

Lilith estaba en los confines del Paraíso;

(y ¡Oh, la alcoba de la hora!)

Ella fue la primera desde allí conducida,

con Ella estaba el infierno y con Eva el cielo.

Al oído de la serpiente dijo Lilith:

(la Alcoba del Edén está en flor)

A tí acudo cuando lo demás ha pasado;

yo era una serpiente cuando tú eras mi amante.

Yo era la serpiente más hermosa del Edén;

(Y, ¡Oh, la alcoba y la hora!)

Por voluntad de la Tierra, nuevo rostro y forma,

me hicieron esposa de la nueva criatura terrenal.

Tómame, ya que vengo de Adán:

(la Alcoba del Edén está en flor)

Una vez más mi amor te subyugará,

lo pasado es pasado, y yo acudo a tí.

Oh, pero Adán era vasallo de Lilith!

(Y, ¡Oh, la Alcoba de la hora!)

Todas las hebras de mi cabello son doradas,

y en esa red fue atrapado su corazón.

Oh, y Lilith fue la reina de Adan!

(la Alcoba del Edén está en flor)

Día y noche siempre unidos,

mi aliento sacudía su alma como a una pluma.

Cuántas alegrías tuvieron Adan y Lilith!

(Y, ¡Oh, la Alcoba de la hora!)

Dulces íntimos anillos del abrazo de serpiente,

al yacer dos corazones que suspiran y anhelan.

Qué niños resplandecientes tuvieron Adán y Lilith;

(la Alcoba del Edén está en flor)

Formas que se enroscaban en los bosques y las aguas,

hijos relucientes y radiantes hijas.

Autor: Dante Gabriel Rossetti

 

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19- Lamento al amanecer

Oh tú, cruel, mortalmente hermosa doncella,

Dime qué gran pecado he cometido

Para que me hayas atado, escondido,

Dime porqué has roto la solemne promesa.

Fue ayer, sí, ayer, cuando con ternura

Tocaste mi mano, y con dulce acento afirmaste:

Si, vendré, vendré cuando se acerque la mañana,

Envuelta en brumas a tu cuarto llegaré.

Sobre el crepúsculo esperé junto a la puerta sin llave,

Revisé con cuidadoso esmero todas las bisagras

Y me regocijé al comprobar que no gemían.

¡Qué noche de ansias expectantes!

Pues miré, y cada sonido fue esperanza;

Si por casualidad dormité unos breves instantes,

Mi corazón siempre se mantuvo despierto

Para arrancarme del sopor inquieto.

Si, bendecí la noche y al manto de tinieblas

Que con tanta dulzura cubría las cosas;

Disfruté del silencio universal

Mientras escuchaba en la penumbra,

Ya que hasta el mínimo rumor me parecía un signo.

Si ella tiene estos pensamientos, mis pensamientos,

Si ella tiene estos sentimientos, mis sentimientos,

No aguardará el arribo de la mañana

Y con seguridad vendrá hasta mí.

Un pequeño gato saltó en el suelo,

Atrapando a un ratón en un rincón,

Fue ese el único sonido en la habitación,

Jamás anhelé tanto escuchar unos pasos,

Jamás ansié tanto escuchar sus pasos.

Y allí permanecí, y permaneceré siempre,

Ya llegaba el resplandor del amanecer,

Y aquí y allí se oían los primeros movimientos.

¿Es ahí en la puerta? ¿En el umbral de mi puerta?

Acostado en la cama me apoyé sobre el codo,

Mirando fijo la puerta, apenas iluminada,

En caso de que en el silencio se abriera.

Las cortinas se alzaban y caían

En la quieta serenidad del cuarto.

Y el día gris brilló, y brillará siempre,

En la habitación contigua se oyó una puerta,

Como si alguien saliese a ganarse el sustento,

Oí el estrepitoso temblor de los pasos

Cuando las puertas de la ciudad fueron abiertas,

Escuché el alboroto en el mercado, en cada esquina;

Quemándome con la vida, el griterío y la confusión.

En la casa los sonidos iban y venían,

Arriba y abajo de las escaleras,

Las puertas chirriaban,

Se abrían y cerraban,

Y como si fuese algo normal, que todos vivimos,

De mi desgarrada esperanza no brotaron lágrimas.

Finalmente el sol, ese odiado esplendor,

Cayó sobre mis paredes, sobre mis ventanas,

Cubriéndolo todo, apresurándose en el jardín.

No hubo alivio para mi aliento, hirviente de anhelos,

Con la brisa fresca de la mañana,

Y, podría ser, aún sigo allí, esperándote:

Pero no puedo encontrarte bajo los árboles,

Ni en mi sombrío sepulcro en el bosque.

Autor: Johann Wolfgang von Goethe 

 

 

 

 

20- Nocturno

Quiero expresar mi angustia en versos que abolida

dirán mi juventud de rosas y de ensueños,

y la desfloración amarga de mi vida

por un vasto dolor y cuidados pequeños.

Y el viaje a un vago Oriente por entrevistos barcos,

y el grano de oraciones que floreció en blasfemias,

y los azoramientos del cisne entre los charcos,

y el falso azul nocturno de inquerida bohemia.

Lejano clavicordio que en silencio y olvido

no diste nunca al sueño la sublime sonata,

huérfano esquife, árbol insigne, oscuro nido

que suavizó la noche de dulzura de plata…

Esperanza olorosa a hierbas frescas, trino

del ruiseñor primaveral y matinal,

azucena tronchada por un fatal destino,

rebusca de la dicha, persecución del mal…

El ánfora funesta del divino veneno

que ha de hacer por la vida la tortura interior;

la conciencia espantable de nuestro humano cieno

y el horror de sentirse pasajero, el horror

de ir a tientas, en intermitentes espantos,

hacia lo inevitable desconocido, y la

pesadilla brutal de este dormir de llantos

¡de la cual no hay más que Ella que nos despertará!

Autor: Rubén Darío

 

 

 

 

21- Una araña paciente y silenciosa

Una araña paciente y silenciosa,

vi en el pequeño promontorio en que

sola se hallaba,

vi cómo para explorar el vasto

espacio vacío circundante,

lanzaba, uno tras otro, filamentos,

filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te  encuentras,

circundada, apartada,

en inmensurables océanos de espacio,

meditando, aventurándote, arrojándote,

buscando si cesar las esferas

para conectarlas,

hasta que se tienda el puente que precisas,

hasta que el ancla dúctil quede asida,

hasta que la telaraña que tú emites

prenda en algún sitio, oh alma mía.

Autor: Walt Whitman

 

 

 

 

22- La mujer caída

¡Nunca insultéis a la mujer caída!

Nadie sabe qué peso la agobió,

ni cuántas luchas soportó en la vida,

¡hasta que al fin cayó!

¿Quién no ha visto mujeres sin aliento

asirse con afán a la virtud,

y resistir del vicio el duro viento

con serena actitud?

Gota de agua pendiente de una rama

que el viento agita y hace estremecer;

¡perla que el cáliz de la flor derrama,

y que es lodo al caer!

Pero aún puede la gota peregrina

su perdida pureza recobrar,

y resurgir del polvo, cristalina,

y ante la luz brillar.

Dejad amar a la mujer caída,

dejad al polvo su vital calor,

porque todo recobra nueva vida

con la luz y el amor.

Autor: Víctor Hugo

 

 

 

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